Marketing en Punta Cana y República Dominicana

Casi todo lo que se lee sobre marketing está escrito para otro mercado. Da por hecho un cliente que busca en inglés, paga con tarjeta y compara cinco proveedores antes de decidir. En Punta Cana, un gerente de hotel le pregunta a un colega, un desarrollador inmobiliario le vende a un comprador extranjero mientras paga a su equipo en pesos, y la mitad del primer contacto ocurre por WhatsApp.

Por eso los artículos de aquí empiezan por las cifras y no por los principios. Cuánto cobra una agencia en República Dominicana, qué entra en un retainer y qué no, cuándo un freelancer es la decisión correcta y cuándo deja de serlo. Los precios van en las dos monedas, porque la respuesta cambia según factures en pesos o en dólares.

El segundo hilo son los hoteles, que es el sector que más dinero mueve aquí y donde peor funciona el consejo genérico. La ocupación es estacional, la decisión de reserva se toma con meses de antelación y desde otro país, y la audiencia está partida en dos idiomas como mínimo. Un calendario de contenido copiado de una agencia de Miami no sobrevive a la temporada baja.

Nada de esto es un atajo. El marketing en un mercado de este tamaño es lento, y a los negocios que les va bien son los que eligen dos canales y se quedan ahí un año. Lo que intentan estos artículos es evitarte descubrirlo gastando los primeros seis meses.

Si empiezas de cero, el orden que suele funcionar aquí es más estrecho de lo que parece: dejar bien el perfil de Google Business, elegir un canal donde tus clientes ya estén, y solo entonces pensar en pauta. La mayoría de los negocios que llegan habiendo quemado presupuesto lo hicieron mandando anuncios a un sitio que no estaba listo, o repartiendo un presupuesto pequeño entre cinco plataformas porque cada una parecía barata por separado.

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